Hoy 31 de agosto se cumple un nuevo aniversario de la creación de la Policía de la Provincia de Santa Fe, años atrás la Asociación del Personal Policial del departamento Las Colonias organizaba una Gran Fiesta para agasajar a todo el personal y a sus familiares.
Comenzaban temprano al mediodía y culminaban tarde, cuando el deber llamaba. Se consideraba privilegiado al que no estaba de turno y se les dejaba un lugar en las mesas para que pasen a comer por tandas los que estaban en funciones. En esas fiestas no existían jerarquías y servían para limar pequeñas asperezas lógicas del trabajo diario.
Los hijos de los policías disponían de juegos y en ocasiones el trensito los llevaba a recorrer la ciudad que día a día sus padres patrullaban. Un día al año recibían algo a cambio de: tantos días sin el beso de las buenas noches. Es una lástima que esa costumbre se haya perdido.
Soy nieta de, mujer y nuera de policías, pero ruego nunca ser madre de policía. Se que es una noble función, pero en los tiempos que corren es muy riesgosa. Es difícil: aprender a esperar, hoy con el celular suelo recibir un: “me voy a demorar”; irse a dormir sin saber cuando volverá y peor aún despertase y comprobar que todavía no regreso. Mis hijos también aprendieron a que papá no podía estar cuando lo necesitaban, que primero estaba la obligación y después, si se podía papá cumpliría las promesas.
¡Feliz día a todos los policías en su día! Y una plegaria para los que ya no están.




